RAUL IBAÑEZ A UN PASO DE SU CONSAGRACION
Por: Angel Torres
Los fanáticos esperan con ansiedad, que les depara el destino a varios agentes libres consagrados como Manny Ramírez, Mark Teixeira, Adam Dunn, Rafael Furcal, Francisco Rodríguez, Derek Lowe, Pat Burrell, C.C. Sabathia, Ben Sheets entre otros. Y pocos han mencionado a uno de los más menospreciados, como al ex jardinero izquierdo de los Marineros de Seattle, Raúl Ibañez, quien casi en silencio se ha convertido en uno de los mejores bateadores de las Grandes Ligas, con excelente poder al bate y una disposición casi increíble para impulsar carreras. Se puede agregar entre sus virtudes, que no se poncha mucho para un toletero de su calibre.
La primera vez que hablé en Los Angeles con Ibáñez, me preguntó dónde podía encontrar un restaurante cubano en el área y es que el jugador hijo de cubanos nacido en Manhattan, Nueva York, el 2 de junio de 1972, pero que reside y se crió en la Capital del Exilio Cubano en Miami, no puede vivir alejado, tal como ocurre con otros peloteros cubanos o sus primogénitos, de los frijoles negros o de los pasteles de guayaba.
Ibáñez quien tira a la derecha pero batea a la zurda con 6-2 de estatura y 210 libras de peso, fue seleccionado en el reclutamiento de agentes libres en junio de 1992 e inició su carrera profesional con los Marineros de Temple en la Liga de Arizona en 1992. Después deambuló por las Ligas Menores, vistiendo las franelas del Appleton, Bellingham, Riverside, Port City y Tacoma, hasta debutar con los Marineros de Seattle de la Liga Americana en agosto 1 de 1996, conectando un elevado en misión de bateador emergente durante la novena entrada, en el primero de tres partidos en los que actuó en el resto de la temporada.
En 1997 comenzó la campaña con el Tacoma de la Liga de la Costa del Pacífico en la Triple A, donde le pegó a la bola a un ritmo de .304 en 111 desafíos antes de ser llamado nuevamente por los Marineros el 6 de agosto, oportunidad que aprovechó para disparar su primer hit en las Grandes Ligas el 16 de agosto al conectarle un triple a Doug Drabek de los Medias Blancas en el Comiskey Park de Chicago. Por una de esas cosas del béisbol ese mismo día fue enviado de nuevo al Tacoma, regresando el 31 de Agosto a Seattle, donde el 26 de septiembre conectó su primer jonrón en las Ligas Mayores, aprovechando un lanzamiento de Mike Oquist de los Atléticos de Oakland en el Kingdome de Seattle con dos compañeros en base.
Antes de finalizar el año se anotó otros siete cuadrangulares con los Cangrejeros de Santurce en la Liga Invernal de Puerto Rico, al batear para un average de .360 en 29 encuentros. Sin embargo no pudo terminar el campeonato porque se lesionó un hombro que lo obligó a operarse y perder la primera parte de la competencia de 1998. Después de un período de rehabilitación de 52 partidos en Tacoma, volvió con los Marineros en agosto 7 y con los Cangrejeros en la Isla del Encanto.
En realidad el torneo de 1999 fue su primero completo en el Gran Circo, con la excepción de ocho días que pasó en Tacoma reponiéndose de un nervio pinchado en el cuello. Con Seattle demostró su versatilidad actuando como bateador designado, receptor, primera base, jardinero izquierdo y derecho con nueve bambinazos conectados y .258 de promedio en 87 encuentros.
En el año 2000 volvió a pasar algún tiempo en Tacoma y otro con las huestes de Lou Piniella, sin poder convencer a su manager que merecía recibir más oportunidades. Su peor momento se produjo cuando falló como bateador emergente en 23 veces al bate consecutivas, hasta que el 11 de septiembre pegó un sencillo contra los Reales de Kansas City.
Durante la Serie Divisional en el Oeste de la Liga Americana, bateó para un promedio de .375 frente a los Medias Blancas y después se fue en blanco en nueve turnos en la Serie de Campeonato contra los Yanquis.
La mejor noticia para Ibáñez ocurrió cuando los Marineros no le ofrecieron contrato el 21 de diciembre de 2000, lo que le brindó la oportunidad de firmar como agente libre con los Reales el 19 de enero de 2001, quienes no habían olvidado el imparable que conectó contra ellos cuando rompió su mala racha sin conectar hit el año anterior.
En la primera parte del torneo, Kansas City estuvo un par de veces a punto de deshacerse de él, pero en la segunda decidieron ofrecerle una verdadera oportunidad de jugar todos los días como designado o jardinero y el hombre respondió por todo lo alto repartiendo palos a todos los rincones del parque, al extremo de ganar el premio que se otorga al Jugador Más Valioso en el mes de julio. Al final su ofensiva descendió algo por tratar siempre de anotarse cuadrangulares.
Su consagración definitiva se produjo en 2002 cuando le pegó a la píldora a un paso de .294 con 37 dobles, seis triples, 24 jonrones y 103 carreras impulsadas, sobre todo después del Juego de Estrellas cuando disparó 16 vuelacercas y remolcó 59 anotaciones durante los meses de julio y agosto. Su ofensiva descendió un poco en septiembre debido a tener un dedo lesionado. Igualmente igualó una marca de la novena cuando empujó siete carreras en un desafío contra los Angelitos de Anaheim el 14 de julio. Como recompensa los Reales le aumentaron el salario para la temporada de 2003 de $800,000 a $3 millones.
En 2003 repitió su excelente bateo con .294 de average, 18 bambinazos y 90 remolcadas y tras declararse agente libre al final de la temporada, los Marineros de Seattle lo firmaron por tres años y $13.25 millones. Lo sorpresivo fue que los Marineros que tan pocas oportunidades le brindaron cuando jugó para ellos por cinco años, tuvieran que pagarle un alto salario para regresara con ellos a patrullar regularmente el jardín izquierdo por varias campañas. Para ellos en esas tres contiendas, sus numeritos fueron de .304 de average, con 16 películas de cuatro esquinas y 62 remolcadas en 2004 y en los dos años siguientes de .280, 20, 89 y .289, 33,123.
Su actuación le valió un pacto por dos años y $11 millones con los Marineros, respondiendo con .291 de average, 21 vuelacercas y 105 remolcadas en 2007 y pegándole a la píldora a un ritmo de .293, acompañado de 23 películas de cuatro esquinas y 110 empujadas en 2008.
Su promedio colectivo en 13 campeonatos ha sido de un excelente .286, lo que ha motivado que varios equipos ya le hayan ofrecido un largo y jugoso contrato de alrededor de tres justas y entre $8 y $11 millones por competencia.
Sin embargo, lo más interesante con respecto a Ibañez, es que sus 338 carreras impulsadas en los tres últimos años, es superior en ese lapso, a las 336 de Teixeira, las 311 de Ramírez, las 298 de Burrell y las 278 de Dunn. El líder en esos tres torneos ha sido Ryan Howard con 431.
Más sorpresivo aún, es que Ibañez mantuvo un promedio de .331 producidas con hombres en bases durante esos tres años, empatado con Teixeira y superando a Ramírez (317), Burrell (237) y Dunn (234). En ese aspecto a la cabeza aparece Mike Young de los Vigilantes de Texas, que ha fletado 359 hacia el plato entre 2006 y 2008.
Parece ser que la consagración definitiva ha llegado para Ibañez, quien finalmente ha sido cotizado como la gran estrella que es.
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